La grupeta ya lista, salimos alrededor de las ocho y media de la noche, haciendo un pequeño rodeo por calles secundarias de La Laguna hasta llegar a Los Rodeos, donde pudimos disfrutar de una atardecer veraniego sin ninguna nube.
Cuando nos dimos cuenta ya la noche había caído sobre nosotros y empezábamos a tocar la tierra y las piedras. Todas las luces encendidas y camino alumbrado. A medida que nos adentrábamos en el monte, la noche se hacía más oscura y aparecían los murciélagos con las luces de las linternas.